LOS DIEZ LADRONES DE TU ENERGÍA

  1. Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.
  2. Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.
  3. Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.
  4. Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.
  5. Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.
  6. Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.
  7. Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.
  8. Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.
  9. Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.
  10. Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

DALAI LAMA – LOS DIEZ LADRONES DE TU ENERGÍA.

Historia de un niño y el amor a su madre y hermana:

Corrí al supermercado para comprar unos regalitos, que no había podido comprar antes.

Cuando vi tanta gente en el supermercado, comencé a hacerme reclamos a mi misma, esto iba a demorar un horror , y yo todavía tenía tantas cosas por hacer y otros lugares a donde ir. Como me gustaría poder pensar sola, dormir y sólo despertar después que haya pasado todo esto.

Sin darme cuenta, fui andando hasta la sección de juguetes, y ahí comencé a ver los precios, imaginando si los niños realmente juegan con esos juguetes tan caros.

Mientras yo recorría la sección de juguetes, noté que un niño de más o menos 5 años presionaba una muñeca contra su pecho. El acariciaba el cabello de la muñeca y se veía tan triste, me quedé tratando de imaginar para quien sería aquella muñeca que él tanto apretaba. El niño se dio la vuelta hacia una señora que estaba cerca de él y le dijo: Vovó, tú estás segura que no tengo suficiente dinero como para comprar esta muñeca ?´´`
La señora respondió: Tú sabes que tu dinero no es suficiente, querido mio!

Y le dijo al niño que él podía quedarse mirando los juguetes por 5 minutos más mientras ella iba a ver otras cosas. El pequeño apretaba la muñeca entre sus manos. Finalmente yo empecé a andar en dirección al niño y le pregunté para quién quería esa muñeca !

El me respondió:
“Esta es la muñeca que mi hermana adoraba y que quería que la regalaran. Ella estaba tan segura de que Papá le regalaría esta muñeca en este año
“Yo le dije:
“No te preocupes tanto, yo estoy segura que él le dará esa muñeca a tu hermana.”
Pero él muy triste me dijo :
“No, Papá no podrá llevar la muñeca a donde ella está ahora.
Yo tengo que darle esta muñeca a mi Mamá, así ella podrá entregar la muñeca a mi hermana cuando ella vaya para allá.”

Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras él decía:
“Mi hermana tuvo que irse para siempre. Mi Papá me dijo que mi Mamá también se irá para estar junto a ella dentro de poco. Entonces yo pensé que Mamá podría llevar la muñeca con ella para entregarla a mi hermana.”.

Mi corazón dejó de latir. Aquel niñito me quedó mirando y me dijo: “Yo le pedí a Papá que le diga a Mamá que no se vaya todavía. Y le pedí a él que esperara hasta que yo vuelva del supermercado.” Después él me mostró una foto muy bonita de él riendo, y me dijo:
“Yo también quiero que Mamá lleve esta foto, así ella también no se olvidará de mi.

Yo amo a mi Mamá y quisiera que ella no tuviera que partir ahora, pero mi Papá dice que ella tiene que irse para acompañar a mi hermanita.” Ahí él se quedó mirando a la muñeca con sus ojos muy tristes y muy quietito. Yo rápidamente saqué mi cartera y tomé unos billetes y le dije al niñito: “Y si contáramos de nuevo tu dinero, sólo para tener la seguridad de que tienes suficiente dinero como para comprar la muñeca?

Coloqué mis billetes junto a su dinero, sin que él se diera cuenta, y comenzamos a contar el dinero.

Después de que lo contamos, el dinero alcanzaba para comprar la muñeca y hasta sobraba un poco. Entonces el niñito dijo: “Gracias Señor por atender mi pedido y darme el suficiente dinero para comprar la muñeca” Ahí él me miró y me dijo: “Anoche antes de ir a dormir le pedí a Dios que hiciera que yo tuviera el suficiente dinero para comprar la muñeca, así mi Mamá podría llevar la muñeca.

El me oyó… es que yo también quería un poco más de dinero para comprar una rosa blanca para mi Mamá, pero yo no osaba pedir mas nada a Dios, pero él me dio lo suficiente para poder comprar la muñeca y la rosa blanca.

Sabe Ud., mi Mamá adora las rosas blancas.Unos minutos después, la señora regresó y yo me fui sin que nadie se diera cuenta. Terminé mis compras en un estado totalmente diferente al que había comenzado. Mientras tanto yo no conseguía sacar a aquel niñito de mi pensamiento.

Entonces me acordé de una noticia en el periódico local de hace dos días, cuando mencionaban que un hombre borracho en una camioneta chocó contra otro carro, y que en el otro carro estaban una señora joven con una niñita. La niñita había fallecido en ese mismo momento y la madre estaba en estado grave en la Unidad de Cuidados Intensivos y que la familia había decidido desconectar las máquinas, en vista de que la joven no saldría del estado de coma.

Yo pensé, será que esta era la familia de aquel niñito? Dos días después me encontré con el niñito, yo leí en el periódico que la joven señora había fallecido. Yo no me pude contener y salí a comprar rosas blancas, fui al velorio de aquella joven….

Ella estaba sujetando una linda rosa blanca en sus manos, junto con la foto del niñito y con la muñeca en su pecho. Yo salí de ahí llorando, sintiendo que mi vida había cambiado para siempre.

El amor de aquel niñito por su Madre y hermana continúa grabado en mi memoria hasta hoy. Es difícil creer e imaginar que en una fracción de segundos, un borracho había acabado con todo lo que tenía este niño.

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Preocúpese un poco por las demás, antes de salir manejando bebido por las calles, y quite las llaves de estas personas si juzga necesario, Ud. estará salvando otras vidas y la suya también!

Empujar la piedra con todas sus fuerzas

Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas… y esta no se movía.

Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. Como el hombre empezó a sentirse frustrado Satanás (el Oponente) decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente: has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido.

Le dio al hombre la impresión que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.

Satanás le dijo: por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible.

Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente.

El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesar le sus sentimientos: “Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado?”.

El Señor le respondió con compasión: Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tu aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.

Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez.

Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mi. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca.

….

Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes que es Dios quien al final logra mover las.

Cuando todo parezca ir mal… solo ¡EMPUJA!
Cuando estés agotado por el trabajo… solo ¡EMPUJA!
Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería… solo ¡EMPUJA!
Cuando no tienes más dinero para pagar tus cuentas… solo ¡EMPUJA!
Cuando la gente simplemente no te comprende… solo ¡EMPUJA!
Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… solo ¡EMPUJA!
Hay rocas imposibles de mover o de cambiar. Tal vez ESA no es nuestra misión.
Un fuerte abrazo, luz y bendiciones para que nunca dejes de “empujar”

Desconocido

Los dos sacos

Hay una antigua leyenda acerca de tres hombres, cada uno de los cuales, cargaba dos sacos, sujetos a sus cuellos: uno al frente y el otro a sus espaldas.
Cuando al primero de ellos le preguntaron que había en sus sacos, él dijo:
-“Todo cuanto de bueno me han dado mis amigos se halla en el saco de atrás, ahí fuera de la vista, y al poco tiempo olvidado.” El de adelante contiene todas las cosas desagradables que me han acontecido y, en mi andar, me detengo con frecuencia, saco esas cosas y las examino desde todos los ángulos posibles. Me concentro en ellas y las estudio. Y dirijo todos mis sentimientos y pensamientos hacia ellas.
Como el primer hombre siempre se estaba deteniendo para reflexionar sobre las cosas desafortunadas que le habían sucedido en el pasado, lograba avanzar muy poco.

Cuando al segundo hombre le preguntaron qué era lo que llevaba en sus dos sacos, este respondió:
– “En el saco de enfrente están todas las buenas acciones que he hecho. Las llevo delante de mí y continuamente las saco y las exhibo para que todo mundo las vea. Mientras que el saco que llevo atrás, contiene todos mis errores. Los llevo consigo a dondequiera que voy. Es mucho lo que pesan y no me permiten avanzar con rapidez, pero por alguna razón, no puedo desprenderme de ellos.”

Al preguntarle al tercer hombre sobre sus sacos, él contestó:
-“El saco que llevo al frente, está lleno de maravillosos pensamientos acerca de la gente, los actos bondadosos que han realizado y todo cuanto de bueno he tenido en mi vida. Es un saco muy grande y está lleno, pero no pesa mucho. Su peso es como las velas de un barco -lejos de ser una carga- me ayudan a avanzar. Por su parte, el saco que llevo a mis espaldas está vacío, pues le he hecho un gran orificio en el fondo. En ese saco, puse todo lo que de malo escuché de los demás, así como todo lo que de malo a veces pienso de mí mismo. Esas cosas se fueron saliendo por el agujero, y se perdieron para siempre, de modo que ya no hay peso que me haga más penoso el trayecto.”

El café.. la vida…


Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor.
Pronto la charla devino en quejas acerca del interminable ‘stress’ que les producía el trabajo y la vida en general.
El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una selección de tazas de lo más ecléctica: de porcelana, plástico, vidrio, cristal -unas sencillas y baratas, otras decoradas, unas caras, otras realmente exquisitas… Tranquilamente les dijo que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.
Cuando lo hubieron hecho, el viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo: ‘Se habrán dado cuenta de que todas las tazas que lucían bonitas se terminaron primero y quedaron pocas de las más sencillas y baratas; lo que es natural, ya que cada quien prefiere lo mejor para sí mismo.
Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al ‘stress.’
Continuó: ‘Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café.
En verdad la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos.
Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores.
Después se pusieron a mirar las tazas de los demás. Ahora piensen en esto: La vida es el café. Los trabajos, el dinero, la posición social, etc. son meras tazas, que le dan forma y soporte a la vida y el tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevemos.
A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café.
¡Disfruten su café!
La gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que hace lo mejor con lo que tiene; así pues, recuérdenlo:
* Vivan de manera sencilla.
* Tengan paz.
* Amen y actúen generosamente.
* Sean solidarios y solícitos
* Hablen con amabilidad.

El resto déjenselo a Dios. y recuerden que: la persona más rica no es la que tiene más sino la que necesita menos …..

Fábula de la liebre y la tortuga

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia.

La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Pero la historia sigue: La liebre, decepcionada tras haber perdido, reflexionó y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

Pero la historia tampoco termina aquí: Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se quedó sin saber qué hacer, la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.

Pero la historia aún no termina: El tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales. Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor. La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos…y obtenemos mejores resultados.

Anónimo

Decálogo del optimista

  1. Los optimistas se aman, procuran un alto nivel de autoestima, se valoran y aprovechan lo mejor posible sus talentos personales innatos.
  2. Los optimistas aceptan a los demás como son, y no malgastan energías queriendo cambiarlos, sólo influyen en ellos con paciencia y tolerancia.
  3. Los optimistas son espirituales, cultivan una excelente relación con Dios y tienen en su fe una viva fuente de luz y de esperanza.
  4. Los optimistas disfrutan del “aquí” y el “ahora”, no viajan al pasado con el sentimiento de culpa ni el rencor, ni al futuro con angustia. Disfrutan con buen humor y con amor.
  5. Los optimistas ven oportunidades en las dificultades, cuenta con la lección que nos ofrecen los errores y tienen habilidad para aprender de los fracasos.
  6. Los optimistas son entusiastas, dan la vida por sus sueños y están convencidos de que la confianza y el compromiso personal obran milagros.
  7. Los optimistas son íntegros y de principios sólidos, por eso disfrutan de paz interior y la irradian y comparten, aún en medio de problemas y crisis.
  8. Los optimistas no se desgastan en la crítica destructiva y ven la envidia como un veneno. No son espectadores de las crisis sino protagonistas del cambio.
  9. Los optimistas cuidan sus relaciones interpersonales con esmero, saben trabajar en equipo y son animosos sembradores de fe, esperanza y alegrías.
  10. Los optimistas también tienen épocas difíciles, pero no se rinden ni se dejan aplastar por su peso, ya que saben que aún la noche más oscura tiene un claro amanecer y que por encima de las nubes más densas sigue brillando el sol; que todo túnel, por más largo y oscuro que sea siempre tendrá otra salida y que todo río siempre tiene dos orillas.

Autor: Gonzalo Gallo G. (Oasis)

Ponga un tiburón en su tanque

Los japoneses siempre amaron el pescado fresco. Sin embargo, las aguas cercanas al Japón no producen muchos peces hace décadas. Así, para alimentar a la población, ellos aumentaron el tamaño de sus buques pesqueros y comenzaron a pescar más lejos. Cuánto más lejos iban, más tiempo tomaba llegar con los pescados. Si el viaje de vuelta llevaba más que algunos días, el pescado ya no era fresco. Y a los japoneses no les gustaba el sabor de estos pescados. Para resolver el problema, las empresas pesqueras instalaron congeladores en sus barcos. Pescaban y congelaban los peces en altamar. Los congeladores permitían que los pesqueros fueran más lejos y quedasen en altamar por mucho más tiempo. Aún así, notaron la diferencia entre el pescado fresco y el congelado y no les gustó.

Entonces, las empresas de pesca instalaron tanques de peces en los barcos pesqueros. Ellos pescaban y los ponían en los tanques, “como sardinas”. Después de un tiempo, por la falta de espacio, los peces paraban de luchar y no se movían más. Entonces, llegaban vivos, pero cansados y abatidos. Y, nuevamente, los japoneses podían notar la diferencia en el gusto. Por no moverse durante días, los peces perdían el sabor a fresco. Los japoneses preferían el sabor del pescado fresco y no el sabor del pescado apático. Entonces, ¿resolvieron el problema? ¿Lograron traer los peces con puro sabor a fresco?

Para conservar el sabor del pescado fresco, los pesqueros siguen poniendo a los peces dentro de los tanques. Además de eso, también ponen un pequeño tiburón en cada tanque. El tiburón se come algunos peces, pero la mayoría de ellos llega “bien vivos” al mercado. Los peces se mantienen atentos todo el tiempo.

Cuando las personas alcanzan rápido sus objetivos, pueden descansar en las demás conquistas. ¡Y ahí está el gran peligro! Pueden empezar a pensar que no necesitan buscar tanto. Si usted ya alcanzó sus objetivos, ponga otros mayores. Una vez que alcanzó sus necesidades personales y familiares, dé gracias a Dios y siga adelante en la conquista de mayores realizaciones. Pero nunca se acomode, ponga un tiburón en su tanque.

¡Que Dios bendiga con victorias a los perseverantes!